martes, 23 de mayo de 2017

Posteo 2: Crónica deportiva

Ganarle a Newells ya es un clásico.

El domingo de 14 mayo, comenzó con la tapa de los diarios palpitando la fecha de los clásicos, del torneo de primera división 2017, esa mañana gris tenía sabor a mates, nerviosismo, ansiedad y pasión, creo que el 90% de los rosarinos percibimos esa sensación en todo el cuerpo, juro que en otras partes del país no lo sienten de esta forma, el clásico Nob- Central, Central- Nob es único e incomparable. Como es de costumbre todos los flashes informativos de la tele exponían, las posibles ya casi confirmadas formaciones de ambos equipos, los comentarios, opiniones de los hinchas y prediccionaban resultados, un empate y todo tranquilo, algunos inclinaban la cancha para el canalla y otros a favor del club del parque, pero el veredicto final lo daría el minuto 90 del partido.
Llegada las 12 del mediodía, la tradición de clásicos jugados de visitante se hacía presente, todos los colores se reunieron en la casa de la abuela, ella centralista, el abuelo leproso, eso no importa, lo hermoso es juntarse a ver el partido, comer hablando de fútbol, hacer sobremesa todos hablando de encuentros pasados, estadísticas, ex técnicos, jugadores emblemáticos, hasta quién era el más lindo, Musto o Dominguéz?, eso tampoco importa, lo importante es que faltaban  10 minutos para el gran duelo.
El living ya estaba preparado para vivir 90 minutos de pura locura rosarina, todos frente al televisor, la pantalla mostraba las tribunas pintadas de color rojo y negro, y luego formando el equipo local, Pocrnjic en el arco, Escobar, Domínguez, Moiraghi, Paz, Amoroso, Sills, Quignón, Rodríguez, Formica, Scocco, el dt Osella. Del otro lado de la cancha el equipo auriazul se paraba con Rodríguez en el arco, Ferrari, Leguizamón, Pinola, Menosse, Carrizo, Musto, Colman, Camacho, Gutiérrez, Ruben, el dt Montero. El árbitro Federico Beligoy inició el juego con un fuerte pitido de silbato, el estómago se contrajo por los nervios, y las uñas ya iban directo a boca. Con la camiseta azul y amarilla apretada entre las manos la pelota se echaba a rodar por el césped del campo de juego, a los 56 segundos del comienzo Formica disparaba al arco sin lograr el gol; el mejor juego “canalla” dio sus frutos en su primera llegada clara, a los 9 minutos, Carrizo le pegó de derecha y marcó el primer golazo de la tarde, para que 21 minutos después Marco Ruben anotara con un soberbio cabezazo el 2do gol de la contienda, el primer tiempo se fue con 2 a 0 a favor de la visita. La alegría desbordaba todo mi ser, pero no hay que cantar victoria antes de tiempo, tome agua y espere al 2do tiempo.
El complemento comenzó con una sonrisa seguramente de todos los televidentes guerreros, hinchas de Rosario Central, la segunda mitad se jugaba con los dientes apretados, se podía observar a algunos simpatizantes del club del palomar retirarse lentamente del estadio, hasta que a los 43 la pelota le cayó a Mauro Formica quien no dudo y pateó de zurda al arco del Ruso Rodríguez, marcando el gol de descuento para el equipo rojinegro; cuando al 3er minuto de los 4 que adicionó Beligoy , el “Loncho” Ferrari se la metió larga a Herrera por la derecha y el “Chaqueño” picó, le ganó la espalda al cierre de Moiraghi y fusiló al arquero de derecha y la clavó en el medio del arco para definir un clásico rosarino vibrante. El grito de gol se escuchó en toda la ciudad, el silencio y la desazón colmó las tribunas del coloso del parque. Faltando sólo un minutito la hinchada de Nob, hizo suspender el partido, mostrando la hilacha y digna de un equipo chico, mientras que los jugadores Canallas festejaban en el medio de la cancha al canto de No Abandones, No abandones…, esquivando proyectiles que venían de la popular y de las plateas, llenas de tristeza y rabia por la cruel derrota.

Del otro lado de la pantalla estábamos nosotros llorando y gritando como locos, felices por el triunfo de Central. El abuelo con cara larga y se acercó a la abuela y la felicitó por la hazaña de su equipo, ella le preguntó si quería mates y sacó los pastelitos. Ahora la tarde tenía gusto a mates, pastelitos de membrillo y a Victoria Canalla. 

lunes, 15 de mayo de 2017

Posteo 1: Crónica de viaje

Mar de Ajó con gusto a waffles

El viaje con destino a la ciudad costera comenzó su camino en Rosario a las 4 am del 10 de febrero de 2017. Las vacaciones serían sólo para dos, Luciano P y quien les relata. La neblina cubría la autovía y dificultaba la visibilidad del conductor del coche y de su copiloto, así que se redujo la velocidad para evitar cualquier inconveniente que ocasionara un accidente; entre anécdotas de viajes pasados y música llegó la mañana y el sol abrazó por completo el interior del auto, más conocido como “la naranja mecánica”, esto ameritó que los ocupantes sacaran sus lentes para el sol. El reloj marcó las 8 y el mate se hizo presente, la ruta 41, ya no parecía tan monótona y aburrida; los problemas llegaron cerca del mediodía cuando Luciano, el chófer sintió hambre y le pidió a su acompañante que le hiciera un sándwich de milanesa, que su madre había preparado para tuviera algo para comer durante el trayecto, amablemente su novia concedió su deseo buscando lo que necesitaba para el armado de éste; pan había, mayonesa había, milanesa no había, se volvió a buscar y las milanesas no aparecían, se revisó cada recoveco de bolsos y bolsillos y el producto vacuno no estaba; conclusión, se las había olvidado. Quién tenía la culpa de ese olvido?, según Lucho la culpable era su novia porque ella no le mandó un mensaje recordándole que las lleve, increíble pero real. Por suerte la única pasajera se encargó de llevar alfajores, que conformaron y distrajeron al hambriento muchacho.
La desilusión levantó su mano cuando el cielo se puso gris, y se encapotó totalmente, se suponía que las vacaciones serían de pleno sol y calor, pero a estos vacacionistas el clima les tenía una bienvenida llena de sorpresas.
Dolores, por fin; cuna de las parrillas, el chori y las bondiolas, además era señal de que al viaje no le quedaba más que sólo un par de horas. El auto se detuvo en una humilde parrilla que tenía todo tipo de manjares al fuego, nos decidimos por un sándwich de bondiola asada con dos gaseosas. Esperamos unos minutos y de pronto llegaron a la mesa, era indescriptible la alegría que sentimos al degustar la comida, se la podía clasificar como la octava maravilla del mundo. Luego de media hora de sobremesa, seguimos camino al mar. El sueño o la fiaca se sentían, pero las ganas de llegar eran más fuertes, luego de dos horas estábamos a 30 kilómetros del destino tan añorado. Al parecer hubo un accidente entre dos autos, que hicieron que el último tramo sea a paso de hombre, no sabíamos si llorar o reír, optamos por reír ya que nada ni nadie nos iba a opacar nuestras vacaciones.
A las 16 horas llegamos a Mar de Ajó, entramos a la casa de veraneo, abrimos las ventanas para ventilar el ambiente, y bajamos el equipaje del auto, estábamos realmente cansados por el viaje, pero había que poner en funcionamiento el hogar, ya que nos esperaban 10 días de estadía allí. Luego de la limpieza, nos fuimos de compras, para nuestra mala suerte al regreso de los mandados comenzó a llover y nos empapamos, llegamos a la casa muertos de frío y de hambre. Ducha, cena y a la cama, el día siguiente sería muy largo, porque si el tiempo acompañaba tendríamos jornada de playa completa y salida nocturna.
Nos levantamos con una mañana de lluvia, horrible. Pensábamos que iba a mejorar, así que a mal tiempo buena cara y música. El clima no mejoró para nada, pero decidimos salir igual, llegamos al centro de San Bernardo y entramos a una cafetería que según comentarios era la que tenía el mejor café y los mejores waffles, nos trajeron la carta y escogimos los waffles más exóticos. Fascinantes, riquisímos, espectaculares, no nos podíamos mover de los llenos que estábamos. Salimos y la lluvia aún nos asechaba, nuevamente nos mojamos enteros. Volvimos a Mar de Ajó y jugamos a las cartas durante un largo rato, diestros en la cocina comenzamos a preparar la cena, y el postre. Otra vez el exceso de comida nos impedía el movimiento. Seguía lloviendo y eso produce sueño. Nos acostamos ilusionados de que la mañana siguiente sería de sol.
Pero No, los próximos 5 días fueron de lluvia ininterrumpida, frio, café con leche, waffles y cartas. Las caras ya reflejaban un tinte de mala onda, por las noche salíamos con buen ánimo  porque estaba nublado, pero no llovía, el regreso se burlaba de nosotros, ya que como todas las noches anteriores, nos mojamos hasta los dientes.
El día seis, nos despertó con un sol que rajaba la tierra y calentaba la arena de las playas costeras, preparamos el mate y salimos rápidamente y felices hacia la playa, el mar nos estaba esperando y el sol quería broncearnos, luego de dos horas de pleno sol, se nubló y volvió a llover, triste volvimos a casa totalmente mojados, el resto de la tarde anunciaba café y waffles.
El tiempo se apiadó de nosotros y los últimos tres días nos regaló un clima perfecto, de calor y de un brillante sol. De todos modos no perdimos la costumbre del café y los waffles.
El último día aprovechamos el sol casi por 5 horas, teníamos que llevar un color parejo de vacaciones a city y a la rutina. A la tardecita salimos a comprar algunos presentes y recuerdos, y como despedida, entramos a la cafetería a la que ya éramos habitué y nos llevamos puesto dos cafés con leche y dos waffles.
A la una de la mañana del 20 de febrero emprendimos la vuelta a Rosario con nuevos recuerdos, piel bronceada, pasados por agua y con cara de Waffles.